“La Ley de Ajuste Cubano en el contexto del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos”.

Autor: Jovann Silva.
Febrero de 2015.

El 17 de diciembre de 2014, con el anuncio del deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, comenzó un largo y complejo proceso para la normalización de los vínculos entre nuestros países. En el marco de este acontecimiento histórico, el futuro de la Ley de Ajuste cubano genera sentimientos encontrados entre los cubanos de dentro y fuera de la isla.

Desde Cuba llegan voces que llaman a eliminar de una vez esta ley “asesina” para poner fin a la emigración ilegal. En Estados Unidos se escuchan también los llamados a modificarla desde los sectores más conservadores que no quieren ver con ella beneficiados al creciente número de cubanos que se muestran abiertos a mantener relaciones normales con el país que los vio nacer al viajar frecuentemente a la isla y mantener vivo el contacto con sus familiares. Por otra parte, tanto en Cuba como en Estados Unidos, hay cubanos que comprendemos la importancia de la Ley de Ajuste y nos vemos llamados a su defensa para impedir que los compatriotas que en el futuro decidan ejercitar su derecho humano a la emigración terminen convirtiéndose en fantasmas en los Estados Unidos, al no poder regularizar su condición migratoria, si llegara a desaparecer la normativa que lo permite que es precisamente la mencionada ley.

En la medida que avanzan las conversaciones entre ambos gobiernos, los reportes de prensa han destacado que la posición oficial del gobierno cubano es señalar la eliminación de la Ley de Ajuste cubano como un requisito para el pleno restablecimiento de relaciones diplomáticas. Por su parte, los medios de comunicación de Miami manifestaron con alarma que, un mejoramiento del clima bilateral, llevaría a la desaparición de la finalidad de una ley que es para “ayudar a los refugiados cubanos”. Ante este escenario cabe preguntarse: ¿Será que Cuba dejará de ser un país emisor de emigrantes ilegales si se elimina la Ley de Ajuste? ¿Es esta ley una normativa que protege a refugiados?

La emigración es un fenómeno al cual no escapa ningún país del mundo. Nuestra Patria ha sido emisora y receptora de emigrantes a lo largo de toda su historia. El movimiento de cubanos hacia los Estados Unidos existe desde antes de la Revolución de 1959.Sin embargo, es cierto que el número de compatriotas que salieron de Cuba con posterioridad a ese acontecimiento histórico aumentó considerablemente si se compara con las décadas anteriores; pero no se puede decir que la existencia de una ley sea la única causa de estos flujos de seres humanos. Bastaría con preguntarle a un cubano las razones que lo trajeron a los Estados Unidos para que surjan un sinnúmeros de motivos y circunstancias que provocaron el desplazamiento. Los estudiosos de las migraciones han llegado a la conclusión que los humanos no emigramos por un motivo; sino que lo hacemos por una multiplicidad de razones. Las causas de las migraciones son disímiles en su naturaleza y pueden encontrarse en el lugar de destino y en el de origen. Sería demasiado iluso pensar que todos los que cruzan el estrecho de la Florida lo hacen únicamente porque, al año y un día, una ley les permitirá quedarse permanentemente en el país. La mayoría de las personas no piensan en eso al momento de tomar la decisión de dejar la tierra que los vio nacer. Si seguimos la lógica cubana, entones en los Estados Unidos no existirían los emigrantes de otros países que también arriesgan sus vidas cruzando ríos, desiertos y se ponen en manos de criminales para llegar al norte. Además, lo que permite que los cubanos sean admitidos al momento de llegar a suelo americano no es la Ley de Ajuste sino la política de pies secos-pies mojados que es una directriz del Departamento de Seguridad Nacional. La política de pies secos-pies mojados sí podría considerarse como un privilegio único que mueve a muchos a lanzarse con la ilusión de llegar a la meta luego de las 90 millas y ser aceptados en un país que impide llegar y devuelve a los emigrantes de otras nacionalidades. Sin embargo, no se puede confundir esta directriz con la ley que el Congreso Federal aprobó en 1966. La Ley de Ajuste es lo que todos los latinoamericanos y demás personas del mundo quisieran tener para, luego de cumplir con el requisito de tener un tiempo de residencia en suelo americano, poder regularizar su status y obtener los documentos que les permitan desarrollar una vida normal en Estados Unidos.

En cuanto a la segunda interrogante es un hecho que para ningún Estado es motivo de orgullo ser considerado como emisor de refugiados. De acuerdo con el Derecho Internacional, refugiado es aquella persona que “debido a fundados temores de ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de esos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país”. En el caso cubano, la manipulación del término refugiado y su utilización en sentido vulgar (coloquial) y no jurídico ha llevado a que en Estados Unidos se les llame como “refugiados” a todos los llegados de la isla independientemente de cumplir con los requisitos que establece la ley internacional y la estadounidense para su consideración como tales. Cuba argumenta que la gran mayoría de sus ciudadanos que emigran a Estados Unidos, al igual que el resto de los latinoamericanos, lo hacen por razones económicas y no deberían ser considerados refugiados. Como consecuencia de esto, el gobierno de La Habana pone en su mirilla a la normativa que consideran da sustento jurídico a la campaña de hacerla ver como Estado que persigue a sus nacionales: la Ley de Ajuste cubano. Muchos son los argumentos que se pueden esgrimir para refutar esta visión errónea pero me limitaré a señalar los más importantes. Todo aquel que se haya tomado el tiempo de leer la Ley de Ajuste cubano sabe que este instrumento no define el término refugiado en su texto (sólo hace una breve mención en su título a esta palabra en su sentido coloquial) y, además, no otorga este status a los cubanos que aplican por ella. Esta ley permite a los cubanos que han sido admitidos bajo palabra (parole) ajustar su status al de RESIDENTES PERMANENTES para vivir en los Estados Unidos y no guarda relación con la Ley de Refugiados de 1980 que es el cuerpo normativo estadounidense que sí regula la definición de refugiados y sus derechos en correspondencia con la normativa internacional en la materia que son la Convención de 1951 sobre el Estado de los Refugiados y su Protocolo de 1967. Los cubanos en la Patria de Lincoln nunca llegamos a tener el status de refugiados, pues la mayoría pasamos de estar bajo palabra a ser extranjeros con permiso de trabajo (working permit) para al año y un día aplicar por la residencia (Green card) bajo la susodicha Ley de Ajuste. Otro elemento de peso es que los Estados Unidos no llevan a cabo los procesos de elegibilidad de la condición de refugiados en su territorio como sí ocurre con los casos de asilo que son analizados ya cuando el emigrante está dentro del país. La determinación de la condición de refugiados está en manos de las representaciones consulares de EE.UU. en el exterior y un buen ejemplo de esto es el Programa de Refugiados de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA). El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba debería de escuchar un poco más a la academia pues este tema en particular es comprendido muy bien en la Universidad de La Habana.

En estos momentos, en Estados Unidos, vemos cómo se celebra o critica la decisión del presidente Obama de permitirles a cientos de emigrantes el poder aplicar por un permiso de trabajo que no los llevará nunca a la ciudadanía (Dream Act). A nostros nos toca reflexionar como cubanos y preguntarnos si queremos ver a nuestra gente en el futuro sufrir una situación similar. No hay motivos para deshacernos de lo positivo en el camino en que estamos para construir mejores relaciones con Estados Unidos. A Cuba le toca despertar y darse cuenta que tiene lo que los países como México desearían para sus nacionales que se encuentran al norte del Río Bravo. A Estados Unidos le toca admitir que los cubanos somos una de la comunidades de emigrantes más exitosas y que resulta más provechoso mantenernos visibles que como fantasmas.

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